martes, 25 de octubre de 2011

MIEDO AL ABANDONO...!


El temor a la soledad y el abandono distorciona las relaciones, de tal manera que con frecuencia las personas no saben si actúan por amor o por miedo. Por ejemplo un hombre maduro decía acerca de su niñez: “Yo era tan buen hijo y quería tanto a mi padre, que siempre lo esperé a la salida de los sitios en los que se emborrachaba, para llevarlo sano y salvo a casa”. Este relato produce en la mayoría de las personas admiración y ternura, pero rara vez se preguntan por las consecuencias que esta experiencia dejó en la vida del chico.


Pues bien se niño se convirtió en un hombre sencible y bueno que dedicó su vida a seguir cuidando adictos. Se casó con una mujer adicta y tuvo un hijo adicto. Pero, sobretodo, no entendía su gran miedo a ser abandonado. Él siempre había estado junto a su padre. No percibía que la función de protección y cuidado que correspondía al padre, la ejerció él. Le tocó ser el padre del padre, de allí su sensació de abandono.

Crecer junto a un padre o una madre alcohólicos hace que los hijos tengan la sencación de vivir sin apoyo. Cuando la persona está sobria, se vive en un mundo diferente del que surge cuando consume. En ese último, lo real desaparece. Para el hijo todo puede cambiar de un momento a otro. La seguridad se esfuma y da paso a la incertidumbre, la rabia y la vergüenza.

Cada vez que un hijo tiene que pasar por encima de sus necesidades de protección y cuidado para encargarse prematuramente de las de su progenitor ( a persar de volverse muy hábil en esta tarea de ser autosuficiente y emprendedor), en el fondo de su corazón pierde la seguridad de ser amado, no espera que alguien lo cuide, ya no distingue cuándo actúa por miedo y cuándo por amor.

Cada vez que un hijo recibe de su madre cuidado y protección, será capaz de pedir al mundo el amor que se merece y no se conformará con menos.

reflexión sobre el valor de la vida..!


Hoy me puse a pensar la importancia que no le damos a la vida, cuando ésta sin querer nos quita cosas, pensamos que es injusta y olvidamos que sin ella no seríamos quienes somos. Todos estamos llenos de momentos felices y nos sentimos morir cuando algo se termina.

La felicidad llega en cualquier momento, todo en el mundo se termina, hasta lo más hermoso, hasta lo más molesto y doloroso.

Acá nosotros pensamos que estar solos es el fin de la vida y no nos damos cuenta que a veces la soledad nos ayuda a encontrar respuestas que no estaban…

El amor tiene un millón de vueltas, a veces nos sorprende y nos da felicidad y a veces se transforma en lo peor que hay.

Pensando todo esto , crecí un poquito mas, aprendí a sonreír y a ver la realidad tal cual como es, pero por sobre todo pude darme cuenta que no sirve el ORGULLO cuando existe la AMISTAD, que no sirve LLORAR cuando un amor se va, que no vale la pena aprender a CALLAR y que no existen FRONTERAS cuando nos sentimos vivos.

VALORA LA VIDA

Valorar la vida es el primer paso para alcanzar un estado subjetivo de felicidad.

En primer lugar, una persona que experimenta felicidad suele tener un sentido de su propia valía y una autoestima en buen estado. Es así de sencillo: si valoramos y respetamos algo, no queremos destruirlo. Tomemos como ejemplo una fotografía de un ser querido. Mientras la relación es buena y positiva cuidas y valoras esa fotografía en concreto. Si la relación se rompe o empiezas una relación con otra persona, es muy posible que retires la fotografía del lugar privilegiado que ocupaba en tu casa o incluso que la rompas o te deshagas de ella.

Valoramos lo que nos gusta y nos deshacemos de las cosas por las que no sentimos aprecio. Si no tenemos un sentido sano o positivo de nuestra propia valía, es muy probable que no nos preocupemos por valorarnos a nosotros mismos y a nuestra vida. Del mismo modo que la depresión es la principal causa del suicidio e intento de suicidio, la felicidad previene los pensamientos y las acciones suicidas. Y por varias razones.